Ami Mercury: «¿Que por qué dos chicos? ¿Y por qué no?»

Ami Mercury, nacida en Alicante en 1980 y malagueña de adopción, busca llegar al corazón de sus lectores con historias cotidianas, tiernas y un poco picantes.

Tras probar suerte en su adolescencia con un relato corto y fantasear con un Caballero del Zodíaco o dos, Ami se lanzó a escribir sus propias historias poco después. Desde entonces, ha publicado varios relatos autoconclusivos y tres novelas.

La autora nos lleva a Japón con Fast Food y Ocho mil kilómetros, ambas con ediciones Antro, hasta las cercanas y conocidas Alicante y Málaga, pequeño homenaje a su hogar, con El chico bajo la lluvia y Lo que de verdad importa, su última publicación.

Papel y pluma aparte, se presenta como una gamer más bien torpe, adicta al ramen, jugadora mediocre de Go y artista aficionada.

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—¿Cuándo descubriste que te gustaba el género BL?

Ni siquiera se llamaba BL cuando lo descubrí. De hecho, tampoco puedo decir que hubiera un momento específico en que descubriera que me gustaba, sino que siempre estuvo ahí, por decirlo de algún modo. Recuerdo un cómic de Street Fighter. Estaba en inglés y mi manejo de esa lengua no pasaba de lo aprendido en el colegio o el instituto. Confundí la palabra «guy» con «gay» y bueno… mi cabeza interpretó que Guile y Ken eran pareja (u otros personajes, no sé, hace tanto de eso…). Y me pareció bonito. Luego vi ESE capítulo de Saint Seiya en el que Shun trata de descongelar a Hyoga con su cosmos. Y me pareció bonito. Y luego empezaron a llegar a mis manos fotocopias de fotocopias de fotocopias de Zetsuai y Bronze. También me pareció bonito y caí del todo en este pozo.

Tu primera historia con dos chicos de protagonistas, ¿cuál fue? 

Deja que recuerde. Si no estoy equivocada, fue un relatito que no conservo, una historia original. Ni siquiera recuerdo el título, solo que los personajes trabajaban en una floristería y uno le regalaba una flor al otro al finalizar un turno. Algo como que muy cliché y muy moñas.

—¿Sentiste preocupación o algún tipo de miedo de ser juzgada por escribir BL?

Quizás al principio, cuando ni siquiera se me ocurría soñar en publicar, y no creo ni que merezca la pena llamarlo «miedo». Simplemente me imaginaba la pregunta: «¿y por qué dos chicos?» y no quería molestarme en responderla porque, para mí, la respuesta era y siempre ha sido: «¿y por qué no?». Ahora te soltaría un pequeño discurso en defensa del colectivo LGBTQ+ y de la necesidad de visibilizarlo; cuando comencé con esto me lo habría guardado para mí solo por evitar un posible conflicto. Pero según he ido viendo que ciertos conflictos son necesarios y, sobre todo, según ha ido madurando mi escritura y alcanzando cierta calidad, esa preocupación la he ido perdiendo.

—Dime un autor o autora que admires del género.

¿Solo una? Admiro a muchísimas -hablo en femenino porque son inmensa mayoría, de hecho tengo como asignatura pendiente leer a más señores que publiquen BL-. La lista es larga y no quiero omitir a nadie: Nisa, Nut, Nayra, Corintia, Hendelie, Bry… Más que a una autora concreto, admiro al grupo de autoras que se animaron a pasar al papel unas historias que mucha gente pensaba que no podrían salir de Amor Yaoi o Slasheaven. Yo estaba entre esa gente, y verlas a ellas publicar sus libros fue lo que me dio la confianza necesaria para intentarlo yo también.

Ocho mil kilómetros y Fast Food son dos historias ambientadas en Japón. ¿A qué viene esa obsesión por el país nipón?

Soy otaca, qué le vamos a hacer.
Ya hablando en serio. Sí es cierto que mi fascinación por Japón y su cultura nace del manga y el anime, pero soy muy consciente de que la mayoría de lo que vemos en ese medio tiene poco que ver con la realidad. Yo quería escribir sobre Japón y quería escribir sobre parejas de diferente país, sobre todo en Ocho mil kilómetros, donde queda muy patente la diferencia de culturas. Y claro, en ese momento no me parecía atractiva la idea de hablar acerca de un señor de Massachussetts y un señor de Cuenca. Hoy en día, la verdad, no creo que saliera nada malo de esa idea. De hecho, mi última novela está ambientada en Málaga y mi actual proyecto, en una ciudad indeterminada del territorio español. Así que podemos decir que mi obsesión por Japón no es tal.

Mucha gente pensaba que no podría salir de Amor Yaoi o Slasheaven. Yo entre ellos. Y ver a otras escritoras publicar sus libros me dio confianza para que yo también lo intentara

Con Lo que de verdad importa cambias totalmente a una historia en Málaga, ¿cómo surgió la chispa?

Si te digo la verdad, al principio LQDVI no sucedía en ninguna ciudad concreta. Su ubicación en Málaga fue una pequeña vuelta de tuerca que le di a la novela para que fuera más rica y completa, pero eso surgió cuando ya llevaba más de la mitad escrita. De hecho, en su primera versión, la que tenía en Wattpad, no había ni una sola descripción urbana hasta el capítulo cuatro o así. Si elegí Málaga fue porque hay una escena concreta, algo relacionado con Pelayo, un móvil y un cabreo, que mi mente no paraba de imaginar en el paseo marítimo. Y fue bueno, porque de repente, al ubicar toda la historia aquí, los personajes ganaron en profundidad. Habría pasado lo mismo si hubiera elegido otra ciudad, pero ya que me negaba a imaginar la dichosa escena en otro sitio que no fuera aquí, pues aquí me quedé. 

Has publicado y autopublicado, ¿con qué experiencia te quedas?

Me quedo con la primera. Es algo en lo que muchas personas estarían en desacuerdo, pero basándome solo en mi experiencia, no me cabe duda. No he trabajado tanto en un escrito como con LQDVI. La parte de corrección es la misma, ya que mi experiencia con Ele, la editora de El Antro, y con Estefanía, de Jacaranda servicios editoriales fue similar (ambas son unas profesionales como la copa de un pino). Pero luego hay más. Para la maquetación estuve trabajando con Laura Barcali, que también hizo un trabajo excelente, y el resto ya fue cosa mía: promoción, registro en Amazon, preventa, envíos… Fui más allá e incluí regalos de lanzamiento e incluso hice una ilustración para la versión impresa. Fueron un par de mesecitos de intenso trabajo, medio año en total preparando la novela y todo eso sin contar el tiempo invertido en escribirla, claro. Pero no es lo mismo ser Ami Mercury, autora moderadamente conocida y ahogada en los algoritmos de las redes sociales, que El Antro, editorial de referencia en nuestro país en materia de literatura homoerótica. Resultado: el libro en el que más he trabajado por ser autopublicación es el que menos ha vendido con diferencia de los tres.

¿Qué género te has quedado con ganas de escribir y te gustaría lanzarte a probar? Con BL, por supuesto.

¡Por supuesto que con BL! Pues me gustaría lanzarme de cabeza al cyberpunk postapocalíptico, uno de mis géneros favoritos en… todo. Mis historias son costumbristas, contemporáneas y cercanas, pero me encantaría enfrascarme en un mundo destruído en el que los personajes tuvieran que luchar para sobrevivir. Y si en medio de esa lucha se enamoran y son lo más bonito del mundo pero con hombreras hechas de neumáticos, bates con pinchos y, no sé, mutantes radioactivos y mascotas de seis patas y ocho ojos, mejor.  

—¿En qué proyecto estás inmersa ahora? 

Tengo dos cositas a medias: la novela Hasta que me olvide de ti (título provisional), que comencé a escribir y publicar en Wattpad y dejé a medias, y una novelette aún sin titular acerca de un camarero y una persona sin hogar. Ambas están paradas, sobre todo la novela. Hace ya unos años que me volqué más en el arte que en la escritura, y parece que mi cabeza casi no tiene espacio para ambas cosas. Aun así, sigo escribiendo escenas en mi mente prácticamente a diario y no pierdo la ilusión por terminar estos dos proyectos.  

Hablemos de cifras, ¿te han dado las novelas alegrías suficientes para considerarte mileurista autopublicada? 

Ay calla, que me entra la risa floja. Claro que no. Para nada. Ni acercarme. En base a lo que observo, para ser mileurista autopublicada de forma constante (podría llegar a pasar meses concretos, pero no como norma), antes hay que ser influencer y, además, no tener un trabajo asalariado ni tampoco cargas familiares para poder dedicarse a la escritura 24/7. Podríamos hablar de cifras concretas y quitarle todo el romanticismo que siempre flota alrededor de la figura de los escritores (¿no?), pero mejor dejémoslo en algo un poco más abstracto: el balance entre gastos generados por la autopublicación de mi novela e ingresos por su venta hasta ahora queda en números rojos. Respecto a las novelas publicadas en editorial, mi balance anual no me llegaría ni para pagar la mitad de una PS5.

Conoce más a Ami Mercury

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