Decepciones de Fin de Año – Nanowrimo 2017

Queridos lectores.

Acaba un año y con él me doy cuenta de que NO HE ESCRITO EN EL BLOG EN DOCE MESES. Soy una persona  malvada, perversa, odiosa. Los de Blogger estaban a punto de cerrarme el chiringuito… Bueno, vale, a tanto no llegamos. El caso, que después de tanto tiempo, tendré algo bueno que contaros, ¿no? ¡Sí! Hoy os hablaré de mi experiencia con Nanowrimo porque… ¡Se ha ido a la m*****! De ahí el título del post, por retomar malas costumbres, y tal.
Chan, chan, chaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan

En noviembre de 2016 se cumplió un año desde que comencé con un proyecto nuevo, maravilloso y vibrante. Una novela histórica romántica. Me costó lo suyo arrancar y crearle el esqueleto. Al fin y al cabo, no es mi género y cada dos por tres estaba tentada de meter algún fantasma o algún detalle chiquitito casi-ni-os-daríais-cuenta de paranormal. Pero ahí tenía a mi editora, Carla, con su vara cibernética para pararme los pies. ¡Con razón! Porque el resultado merece la pena, de verdad, y no hay nada como salir de la charca para ver que en otras aguas se puede nadar también a gusto.
Al lío.
Que como estaba bastante atrancada con la novela, pensé en darle un buen empujón con el Nanowrimo, el National Novel Writting Moth, esa locura en la que tienes que escribir 50.000 palabras en 30 días, o sea, unas 1.700 al día. Se supone que el objetivo es crear una novela. UNA NOVELA. Es una ida de olla, porque lo que realmente haces en ese tiempo es \”vomitar\” texto, palabras e ideas. Que vienen genial, ¿eh? Pero que luego no lo mandes directo a una editorial PORQUE NO.
Mis turnos de trabajo son distintos a la gente con trabajo normal (periodista de fin de semana, ¿horarios? ¿qué es eso?). En teoría dispongo de mis 5 días a la semana para la escritura, que debo complementar con otras tareas. Digo en teoría porque nunca nunca son reales. Pero, vamos, que se intenta. 
Mirad, en mi ingenua ilusión hice una portada y todo (título inventado a bote pronto)
Cogí la calculadora. Con una media de 2.000 palabras al día, podía llegar. Me cronometré. Puedo escribir 1.000 palabras por hora. Incluso borrando alguna frase, corrigiendo y siendo coherente con la historia. Vaaaaaale, algo más de una hora… Así que pensé: \”Oye, esto es dedicarle una mañana o una tarde entera, fácil, ¿no?\”. Pues no, por supuesto que no.
He de admitir que soy bastante caótica y desorganizada para escribir. O sea, un desastre total. Si me da la \”venada\”, puedo engancharme durante horas, pero cada vez es más complicado desconectar 100 por 100. Admito que en muchas ocasiones fue culpa mía, que lo dejaba para más tarde o pensaba \”bah, a lo largo de la semana lo recupero\”. Pero llega un momento en que es IRRECUPERABLE.
Empecé floja. Apenas unas miles de palabras sueltas en una semana. Sin darme cuenta, tenía que escribir 6.000 palabras extra para llegar a la maldita rayita que el Nanowrimo me mostra en su perversa oscuridad azul ynaranja.
Aquí mis \”stats\”
Triste. Muy triste. Llorad conmigo
Pues eso. Para llorar. No llegué a la asquerosa línea diagonal ni una sola vez. NI UNA (insertar palabrota) VEZ. Pero no me voy a deprimir. Ya me planteé desde un principio la posibilidad de no llegar. Seguramente ese fue mi error. Si desde el primer día me hubiera hecho un calendario, con mis objetivos marcados en rojo, con un horario fijo para estar solo SOLO con el scrivener, habría llegado. Lo sé porque físicamente puedo hacerlo. 
También es verdad que no es un tema solo de velocidad de dedos. La cabeza tiene que estar donde tiene que estar. Y todos los que nos hemos enfrentado a la hoja en blanco sabemos que no es fácil, que un día podemos sentir que la inspiración fluye por el teclado y otras, en cambio, se atraganta. 
Es posible que suene a excusa (según me han dicho soy muy dada a dar excusas a la primera), pero el hecho de escribir un género que no domine me afectó. Ponedme unos vampiros en los suburbios de una ciudad y algún cadaver (oh, wait, esa historia ya la tengo escrita). Ahí estoy feliz como una perdiz. Pero meterme en San Petersburgo en 1880… es complicado.
Ignoré desde un principio el objetivo de Nanowrimo, el de expulsar palabras, a veces sin ton ni son, pero que pueden ser útiles más adelante. No, me niego. Lo mío tenía que ser un capítulo, abierto a posibles cambios, pero con sentido para la continuación, congruente con el personaje y el contexto. Así que de vez en cuando me tocaba parar, abrir Google, buscar música de la época, poetas de la época, ópera de la época, ropa de la época… Bueno, ya sabéis a qué me refiero.
El Nanowrimo es ideal para subir fotos en blanco y con hastags guays de escritor #dándolealatecla
Así que, sí, lo admito, he sido la decepción de los señores que crearon Nanowrimo, apenas aporté palabras al montón que soltaban a nivel nacional y, luego, mundial. Pero, ¿sabéis qué? Me importa un pepino. Porque escribí. ¡Escribí! Durante un mes, cada equis tiempo, cogía el portátil y me obligaba a poner algo, aunque fueran unas frases con lógica, con su sujeto y predicado. Y me encantó. Volví a pillarle el ritmo a la novela. Dos meses atascada en un capítulo y llegué hasta el 12. ¡El 12! En principio la novela tiene  16, así que para mí eso fue una barbaridad.
Locurón total, mi novela avanza.
Sé que estoy haciendo muy feliz ahora mismo a una personita si digo que espero tenerlo casi acabado para Navidades. Así 2018 sería de corrección, maquetación y… cosas chulas molonas.
Por lo tanto y en definitiva, aquí va mi mensaje: Nanowrimo está bien para obligaros a poneros frente a la pantalla y sacar eso que tenéis dentro y necesita salir sí o sí. No es para escribir una novela, no os engañéis, es para un manuscrito, unas ideas o un posible proyecto. Para algunos la palabra \”obligar\” no sonará bonito, pero es lo que hay si amamos esta profesión, porque los libros no se hacen solos de la noche a la mañana y requieren mucho mucho muchísimo trabajo.
Aprovechad los Nanowrimos, pero que no sean solo en noviembre, también en diciembre, enero, febrero… ya me entendéis. 
¿Y vosotros? ¿Os habéis apuntado al Nano este año? ¿Cómo os ha ído? Más penoso que yo no, seguro. ¡Os reto a demostrarlo!
Os iré avisando de cómo va la novela de nombre misterioso.
Palabra de amapola 😉
#hablandodearboles #nanowrimo2017 #dramasdeunescritor

Decepciones de Año Nuevo

Queridos lectores.

Sé que el Año Nuevo está bastante avanzado, pero este es uno de esos post que he ido posponiendo y ¡ya no puede seguir así! ¿Adivináis de qué va la cosa? Seguro que sí, al menos si habéis seguido mis últimas publicaciones: El Reto de Lectura 2016. ¿Que qué ha pasado? Pues que ha sido un desastre. Sí, una M con mayúsculas. Ha caído un mito, una leyenda, la \”Enara, Devoradora de Libros\” ha perdido su título para ser la \”Catadora de relatillos\”. Ays.

¡Ocho libros! ¡En un año no he leído más que ocho míseros libros! Lo sé, es para pegarme muy fuerte. De hecho, puedo hasta poneros los que sí me he leído (con enlace a la reseña en Goodreads):
Amor Oculto, Maiko Pink
Arlia, Entre mundos, Scarlett de Pablo y Alexia Goher
Arlia, la luz robada, Scarlett de Pablo y Alexia Goher 
Mierda en mis tacones, Lorena Pacheco (Reseña pendiente, pero MOLA)
Sombra de Vampiro, Bella Forres (No pienso reseñar tal basura)
El Guardián invisible, Dolores Redondo
El libro del cementerio, Neil Gaiman
Y… Amapola de sangre, pero ese es trampa, porque lo escribí yo.
Qué triste…
Aquí tenéis la lista completa de mis decepciones durante doce meses. Una detrás de otra. ¡Es que además ni siquiera he seguido los condenados números! La mitad son novelas que me encontré por el camino.
Ahora toca analizar la situación, descubrir cual ha sido el problema, por qué no he podido dedicarle unas páginas a cada libro antes de acostarme o en los ratos muertos frente a la televisión. Bueno, todo serían excusas. Cansancio, sueño, pereza, hambre… Bueno, lo último no.
En resumen, la próxima vez que me meta en retos locos, mejor pensar un poco antes. Porque ¿acaso creéis que esto me detendrá? ¿Que una bofetada de la realidad me hundirá? ¿Que me quitará las ganas de leer? ¡JAMÁS! Solo seré más realista. Así que empecemos con algo más calmadito.
Doce libros. Doce meses. Suena bien, ¿no? (sin querer imitar ninguna causa televisiva) Bastante asumible. Pero démosle un toque para hacerlo más difícil (como si eso fuera a hacer el reto más divertido, claro que sí): Que cada libro no lo escoja yo, sino vosotros. En algunos pondré opciones, en otros será \”veda libre\”. Depende de la excepción, porque claro que hay una excepción, unas normas a seguir, y están reflejadas en el siguiente infográfico de HuffingtonPost:

Así es. Un mundo de oportunidades cada mes. El primero ya lo tengo fichado. Lo siento, pero llegáis tarde. El género es ciencia ficción militar, ya os escribiré mis avances con la nueva aventura.
Quedan pocas semanas para el mes de febrero, entonces volveremos a vernos las caras. Sacad vuestra lista de libros extraños, que estoy deseando pillarlos. Podéis anotar vuestras recomendaciones según avancen los días en los comentarios de esta entrada o en mi Facebook. Prometo cumplir, esta vez sí.

Palabra de amapola.